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EL PODER PEDAGÓGICO DEL ABURRIMIENTO INFANTIL EN VERANO. PEPITA VIAJERA.

Di Pepita Viajera  •  0 commenti  •   Lettura di 6 minuti

EL PODER PEDAGÓGICO DEL ABURRIMIENTO INFANTIL EN VERANO. PEPITA VIAJERA.

El poder pedagógico del aburrimiento: cómo gestionarlo este verano.

Llega el verano. Se acaban las prisas del cole, las mochilas descansan en una esquina y los días empiezan a alargarse como si alguien hubiera estirado las tardes con las manos.

Todo parece preparado para la calma, el juego y la felicidad familiar hasta que aparece esa frase tan conocida:

“Me aburro.”

Y entonces, casi sin darnos cuenta, el peque se aburre… y el adulto se activa.

Buscamos una actividad. Proponemos una manualidad. Ofrecemos merienda. Pensamos en un plan. Miramos de reojo la pantalla más cercana. Y, en cuestión de segundos, nos convertimos en una especie de animadores oficiales del verano.

Pero quizá este año podríamos probar algo diferente.

Quizá, antes de llenar ese momento, podríamos preguntarnos:

¿Y si el aburrimiento infantil no fuera un problema? ¿Y si fuera una oportunidad pedagógica?

El aburrimiento infantil no siempre hay que resolverlo

Cuando un niño o una niña dice “me aburro”, muchas veces nuestra primera reacción es intentar solucionarlo. Nos incomoda verle sin hacer nada. Nos da la sensación de que tenemos que intervenir, proponer, acompañar y entretener.

Pero el aburrimiento no siempre necesita una respuesta inmediata.

A veces necesita un poco de tiempo.

El Child Mind Institute explica que el aburrimiento puede ayudar a niños y niñas a desarrollar habilidades, creatividad y autoestima, especialmente cuando aprenden a manejar tiempos no estructurados.

Dicho de una forma sencilla: cuando un peque se aburre, se abre un espacio vacío. Y ese espacio, aunque al principio incomode, puede convertirse en juego, imaginación, exploración y autonomía.

Porque si cada vez que aparece el aburrimiento ofrecemos una solución externa, también podemos estar quitándole una oportunidad interna: la de descubrir que puede encontrar una idea propia.

¿Qué hacíamos nosotros cuando nos aburríamos?

Pensemos por un momento en nuestra infancia.

Seguramente no siempre había un adulto organizando nuestro entretenimiento. Muchas veces nuestros padres estaban haciendo la comida, trabajando, descansando, hablando por teléfono o diciendo desde otra habitación:

“Pues búscate algo.”

Y, de alguna manera, nos lo buscábamos.

Abríamos cajones. Rescatábamos juguetes antiguos. Convertíamos una caja en una casa, una cortina en un escenario y el sofá en un barco que cruzaba océanos peligrosísimos sin moverse del salón.

Mezclábamos juguetes que no tenían absolutamente nada que ver.

También veíamos la tele, claro. No hace falta convertir nuestra infancia en un documental poético en sepia.

Pero sí había algo que quizá hoy echamos de menos: más tiempo muerto.

Más ratos sin plan.
Más tardes sin instrucciones.
Más espacio para que la imaginación hiciera su trabajo.

Y, sin saberlo, en esos ratos estábamos entrenando muchas cosas: creatividad, paciencia, autonomía, juego simbólico y capacidad para resolver pequeños problemas cotidianos.

Dejar que se aburran no es dejadez: es confianza

Esta es una de las ideas más importantes.

Dejar que un peque gestione un rato de aburrimiento no es dejadez. No es abandono. No es desatención.

Es CONFIANZA.

Confiar en que puede pensar una idea.

Confiar en que puede frustrarse un poquito y salir de ahí.
Confiar en que puede mirar alrededor y encontrar posibilidades.

Acompañar el aburrimiento no significa dejarle solo. Significa estar cerca sin invadir. Significa no resolverlo todo a la primera. Significa decirle, sin palabras:

“Confío en todo lo que puede nacer de ti.”

Y eso tiene un enorme valor pedagógico.

Porque cuando un niño aprende a gestionar su aburrimiento, no solo aprende a entretenerse. Aprende algo mucho más profundo: que la felicidad no siempre tiene que venir de fuera, en realidad, la verdadera felicidad, vienen siempre de un@ mism@, y con este gesto, se aprende mucho más que con una explicación.

Los 10 minutos de confianza

Este verano podemos probar una estrategia sencilla: los 10 minutos de confianza.

Cuando el peque diga “me aburro”, en lugar de responder automáticamente con una actividad, podemos decir:

“Te entiendo. A veces aburrirse cuesta un poco. Vamos a darle 10 minutos a tu imaginación. Mira alrededor, busca entre tus cosas, prueba algo. Yo estoy cerca, pero la primera idea la vas a encontrar tú.”

No son 10 minutos de “apáñate como puedas”.

Son 10 minutos de CONFIANZA.

El adulto está cerca.
El peque no está solo.
Pero la solución no llega empaquetada desde fuera.

Durante esos 10 minutos quizá haya quejas, vueltas por la casa, suspiros larguísimos y alguna escena dramática sobre el sofá. Eso también forma parte del proceso.

Pero puede que, después, aparezca algo.

La American Academy of Pediatrics recuerda que el juego no es algo frívolo: favorece el desarrollo cerebral y las funciones ejecutivas, es decir, habilidades relacionadas con el aprendizaje, la capacidad de perseguir objetivos y el manejo de distracciones.

Por eso, esos 10 minutos no son poca cosa.

Son una pequeña escuela de autonomía.

Descargable gratuito: tarjetas “Los 10 minutos de confianza”

Para acompañar esta idea en casa, en vacaciones o durante los viajes, hemos preparado un descargable gratuito con tarjetas creativas para esos momentos en los que aparece el famoso:

“Me aburro.”

No son tarjetas para llenar cada silencio.
No son actividades para dirigir todo el tiempo de juego.
No son una agenda de verano disfrazada.

Son pequeñas puertas de entrada. Puertas a ese momento precioso en el que un peque empieza diciendo “me aburro” y acaba diciendo “mira lo que he inventado”.

¿Cómo usar las tarjetas?

Cuando aparezca el aburrimiento, podemos probar este pequeño ritual:

  1. Escuchar sin correr a resolver.
  2. Decir con calma: “Vamos a darle 10 minutos a tu imaginación.”
  3. Invitar al peque a elegir una tarjeta.
  4. Quedarnos cerca, pero sin dirigir todo el juego.
  5. Celebrar la idea que aparezca, aunque no sea perfecta, ordenada ni digna de Pinterest.

Las tarjetas incluyen propuestas para imaginar, crear, jugar, observar y desbloquear esos momentos en los que cuesta empezar.

DESCARGA GRATUITAMENTE  LAS TARJETAS PARA IMPRIMIR

 

El adulto también aprende a sostener el aburrimiento

Cuando un peque repite “me aburro” una y otra vez, es normal que al adulto le genere cansancio, prisa o incluso ansiedad por resolver rápido. Y muchas veces la pantalla aparece como la salida más fácil.

Pero aburrirse no es una emergencia. Antes de ofrecer un dispositivo, podemos respirar, validar lo que siente y darle un pequeño margen:

“Entiendo que te aburras. Vamos a darle 10 minutos a tu imaginación.”

Acompañar el aburrimiento también implica que el adulto aprenda a sostener esa incomodidad sin correr a taparla. No se trata de no usar nunca pantallas, sino de no convertirlas siempre en la primera respuesta.

Confiar en el peque también es confiar en que, con un poco de tiempo, puede encontrar una idea propia.

Cuando el aburrimiento aparece fuera de casa

El aburrimiento no siempre aparece en casa. A veces llega en un viaje, en una espera, en un restaurante o en una sobremesa de verano.

Para esos momentos, podemos llevar pequeños recursos que no lo den todo hecho, sino que inviten a crear, imaginar y jugar. En Pepita Viajera contamos con libros de acuarelas, libros de pegatinas, memory y cajas magnéticas diseñados por profes, con una finalidad educativa y creativa: desarrollar la imaginación, la atención, la memoria y la capacidad de inventar historias.

No se trata de llenar cada silencio, sino de ofrecer pequeñas puertas al juego para que el/la peque transforme el “me aburro” en “mira lo que he inventado”.

Conclusión: aburrirse también puede ser una aventura

Este verano, cuando aparezca el famoso “me aburro”, podemos probar a no correr tanto.

Podemos respirar.
Sonreír un poco.
Acompañar sin resolverlo todo.

Y decir:

“Vamos a darle 10 minutos a tu imaginación.”

Quizá al principio no pase nada. Quizá haya quejas. Quizá alguien se tumbe en el sofá como si la vida hubiera perdido todo sentido.

Y entonces recordaremos algo que ya sabíamos de pequeños:

a veces, las mejores aventuras empiezan justo después de decir “me aburro”.

Porque cuando confiamos en su aburrimiento, también confiamos en su imaginación.

Y cuando les ofrecemos recursos sin hacerlo todo por ellos, les estamos diciendo algo precioso:

“Tienes mundo dentro. Atrévete a explorarlo.”

Fuentes consultadas

Child Mind Institute: beneficios del aburrimiento infantil, creatividad y autoestima.
American Academy of Pediatrics: importancia del juego para el desarrollo infantil y las funciones ejecutivas.
UNICEF: el juego como vía para desarrollar resolución de problemas, expresión de ideas y vínculo.
Harvard Graduate School of Education: aprendizaje lúdico en verano y participación de los niños en sus propias elecciones.
Pepita Viajera: enfoque educativo, viajero y creativo de la marca.

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